miércoles, 26 de octubre de 2011

3ª lectura - Carta del jefe indio

Carta del Jefe Indio Seattle

El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.

¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habéis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. "Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide. El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas.


Literales

1.¿Quién manda a decir al jefe indio que quiere sus tierras?

2.¿Qué quería el jefe de washington?

3.¿Van a considerar su oferta lo indios?

4.¿Que circula por la savia de los árboles?

5.¿Cómo son las tierras para los indios?

6.¿Cómo son las palabras de Seatle?

7.¿Qué dice el jefe indio que pasa con los muertos del hombre blanco?

8.¿Cómo son los ríos para Seatle?

9.¿Qué tendrán que recordar los hombres blancos, si los indios les venden las tierras?

10.¿Qué hace el hombre blanco cuando ha conquistado las tierras?


Inferenciales

1.¿Quién escribe la carta?

2.¿Qué pretende el gran jefe Seatle con la carta que envía?

3.¿Es sincero en sus palabras el jefe Seatle?

4.¿ Cuál de los dos pueblos es más respetuoso con la naturaleza?

5.¿Llega a comprender el jefe indio, al jefe blanco? ¿Por qué?

6.¿Quería el jefe Seatle vender sus tierras? ¿Por qué?

7.¿En otras circunstancias vendería el poblado indio sus tierras?

8.¿Qué valor tienen las tierras para el jefe de Washington?

9.¿Estas tierras estarían mejor cuidadas si estuvieran en la actualidad en poder de los indios?


Valorativas

1.¿Crées que la tierra se puede comprar y vender?

2.¿Que pensará el Gran jefe de Washington, cuando lea la carta?

3.¿Cómo debemos actuar ante situaciones de dificultad?Dialogando , discutiendo intentando buscar soluciones...Razona la respuesta.

4¿Qué importancia tiene que cuidemos del medio ambiente? ¿Qué ocurriría si no lo hiciéramos?

5.¿Se debe de cuidar el medio ambiente ? ¿Por qué?

6.Nombra algunas cosas que debemos hacer para cuidarlo.

7.¿Crees que en nuestro planeta todo el mundo cuida el medio ambiente?¿Por qué?

8.¿Cómo crees que vivirán los indios en una reserva? Razona tu respuesta.

9. Analiza para que quieren comprar las tierras los hombres blancos.

10.¿Es un analfabeto el gran jefe Seatle?



lunes, 19 de septiembre de 2011

2ª lectura - El pequeño Nicolás

El pequeño Nicolás:

Los otros no estaban de acuerdo, lo cual es un rollo; cuando uno juega solo, no se divierte; y cuando no se está solo, los demás arman un montón de discusiones.

-¿Por qué no voy a ser yo el bueno? –dijo Eudes- ; y ,además, ¿porqué no voy a tener un caballo blanco también yo?

-¿Y quién será el prisionero? Pregunté yo.

- Bueno, será Godofredo- dijo Eudes- Vamos a atarlo al árbol con la cuerda de tender la ropa.

- ¡Eso no está bien! –dijo Godofredo-. ¿Por qué yo? No quiero ser prisionero; ¡soy el mejor vestido de todos!

-¿A qué viene eso? –dijo Eudes-. ¡Yo no me niego a jugar, aunque tengo un caballo blanco!

- Quién tiene el caballo blanco soy yo! –dije.

Eudes se enfadó y dijo que el caballo blanco era de él y que si no me gustaba me daría un puñetazo en la nariz.

-¡Prueba! –le dije. Y lo consiguió.

Y, después papá salió de casa. No tenía pinta de estar muy satisfecho.

-¡Eh, chicos! ¿Qué es todo este barullo? ¿Es que no sabéis divertiros tranquilamente?

-La culpa es de Godofredo, señor; no quiere ser el prisionero –dijo Eudes.

-Vamos, niños, voy a enseñaros cómo hay que jugar –dijo papá-. ¡Yo seré el prisionero!

¡Estábamos realmente encantados! ¡Es estupendo mi papá! Atamos a papá al árbol con la cuerda de la ropa y, en cuanto acabamos, vimos al señor Blédurt saltar el seto del jardín. El señor Blédurt es nuestro vecino y le encanta tomarle el pelo a papá.

-Yo también quiero jugar. ¡Seré un piel roja!

-¡Sal de aquí, Blédurt, nadie te ha llamado!

El señor Blédurt era formidable; se puso delante de papá con los brazos cruzados y dijo:

-¡Qué el rostro pálido contenga su lengua!

Papá hacía esfuerzos graciosísimos para soltarse del árbol lanzando gritos. Nos habría gustando quedarnos para ver a papá y al señor Blédurt divertirse y hacer el payaso; pero no pudimos, porque mamá nos llamó a merendar y después fuimos a mi cuarto a jugar con el tren eléctrico. Lo que yo no sabía es que a papá le gustase tanto jugar a los cow-boys. Cuando bajamos, ya por la noche, el señor Blédurt se había marchado hacía un buen rato, pero papá seguía atado al árbol, gritando y haciendo muecas.

¡Es formidable saber divertirse así, uno solo!


René Goscinny.


PREGUNTAS

1.¿Quién quería Eudes que fuera el prisionero?

2.¿Quién dijo “yo seré el prisionero”?

3.¿Quién quería dar un puñetazo en la nariz a Nicolás?

4.¿Qué personaje del juego no quería ser Godofredo?

5.¿Por qué dejaron solos al señor Blédur y al padre de Nicolás?

6.¿Tenía hermanos Nicolás?

7.¿Qué nos quiere enseñar el autor con la lectura?

8.¿Por qué no jugaba la madre con ellos?

9.¿Para que se reunieron los niños?

10.¿Por qué se alegraba el vecino de ver al padre de Nicolás atado al árbol?

11.¿Es bueno que los padres jueguen con sus hijos?

12.¿Qué es lo más importante cuando jugamos con los amigos?

13.¿Cómo se deben resolver los problemas?

14.¿Es importante respetar las reglas de los juegos?¿Por qué?


15.¿Qué juegos prefieres, los tradicionales como “el quema”, “el pilla-pilla”….o los relacionados con las nuevas tecnologías tales como la play-station, game-boy…..?

martes, 13 de septiembre de 2011

Primera lectura - El verdadero valor del anillo

El verdadero valor del anillo

- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
- Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después… -y haciendo una pausa, agregó- : Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E… encantado, maestro –titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
- Bien –continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió- : Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que podía por él.
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
- Maestro –dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- Eso que has dicho es muy importante, joven amigo –contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:
- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
- ¿Cincuenta y ocho monedas? –exclamó el joven.
- Sí –replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate –dijo el maestro después de escucharlo-.Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.


Cuento sefardí extraído de
”Déjame que te cuente” de Jorge Bucay



Cuestionario
1.- ¿Por qué fue el muchacho a ver al sabio maestro?
2.- ¿Cómo se sintió el muchacho cuando el maestro le dijo que no podía ayudarle hasta que resolviese primero su problema?
3.- ¿En qué consistía el problema que tenía que resolver el maestro?
4.- ¿Qué tenía que hacer el muchacho para ayudar al maestro a resolver su problema?
5.- ¿Tenía el maestro que vender realmente su anillo?
6.- ¿Crees que los mercaderes valoraron correctamente el anillo?
7.- ¿De qué material sería el anillo?
8.- ¿Piensas que el maestro confiaba mucho en el muchacho? ¿Por qué?
9.- ¿Qué opinas del comportamiento de los mercaderes que se reían del muchacho?
10.- ¿Qué lección has aprendido de este cuento?

Club de lectura

En este blog iremos colocando distintas lecturas, que luego trabajeremos en clase.